Y de pronto el recuerdo me atropelló. Y grité: basta de filosofía, teorías o consejos en este blog. ¿Qué hay sobre mí? Cuando nació esta página decidí desnudarme, sin el menor pudor, a lectores y cuan personas tropiecen. ¿Y luego?
Se acabaron las vacaciones, eternas, casi. Seguro que tuve más que los demás, después de aquellas noches, asesinas del sueño, después de aquellas lágrimas, asustado por mi futuro, después de esas almohadas, y testigos de excepción de este joven dominado por la incertidumbre, he aprendido a salir. No fue fácil. Pero si seguro. Ahora doy gracias por la posición en la que estoy; en paz, casa, escuela, familia, salud y un grano más, de experiencia.
Aunque lo olvidé, a propósito, el amor, el de pareja, es ahuyentado por el clima. Pues cómo no, si sus señales de humo son tan débiles que ni el más avisado lo halla. Es mejor así. Quizá el clima lluvioso, apaga fogatas, me abstenga de cometer un paso en falso y ahogarme en el mismo fuego del deseo, ¿o es que no he aprendido ya las consecuencias que tiene el amor cuando es tatuado en el alma? O de verdad soy ciego, o le temo al apego. Y el apego, como el premio del niño berrinchudo, termina lastimando a sus poseedores mas chiqueados, los que no comprenden que en este planeta todo-TODO- es efímero, excepción hecha de nosotros, se adueñan de sus cariños, placeres, posesiones, amores, miedos y sabe Dios a cuanto más se le puede desear, a precio caro: su propia existencia. Por eso he comprendido que el dar amor no es entregarle la existencia al otro, no, mas bien mostrársela para que la admire, para que la ame, pero siempre como seres individuales. ¿O sino no existiría el lazo de brazos al beber una copa?, sería entonces beber de la misma, y eso no es unirse, más bien “no existir”… ¿En que quedamos? ¿No que sin filosofía? Lo siento. A fin de cuentas yo solo me entiendo. Aunque me funciona. Espera ¿tú solo? No, por supuesto que hay bebedores del pensamiento que te comprenden. Aunque a fin de cuentas vomitemos nuestro licor y llegue la mañana con la cruda Vida de la práctica ardua y dura. La del experimento equivocado.
Por supuesto que mi necesidad le escribía a Cupido todas las noches. Hasta que me di cuenta que mi orgullo interceptaba las cartas y las rompía pensando “no lo necesito”. But… a pesar de todo me siento tan bien. Lo realmente difícil es leer las situaciones de la vitrina, sin poder escribir y mostrarle al mundo el maniquí que te gustaría ser.
Si tan solo pudiera arrancar los lazos negros de la necesidad y ser libre de leer en los aparadores de los demás, aconsejar y escuchar, sin pretender ser el modelo de la tienda, sería feliz. Pero el pospretérito y el ante pretérito sólo existen en Gramática. Estúpido orgullo.
El orgullo es algo que no debería existir!
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