sábado, 14 de agosto de 2010

¡Hey! ¡Tú! ¿Quién eres?


¡Oh, pero claro! Como quisiera que esa pregunta cuelgue de una nube, en el que todos la observen la cuestionen y me miren, me revistan con sus ojos atónitos, a este hombre-aspirador. No te engañes, no eres tú el que quiere el prestigio; lo quiere tu maldita vanidad vestida de niña inocente. O que pensar de esa mujer que se disfraza de blanco tan solo para ocultar su negrura asesina. No me lo vas a decir: la vanidad, así, tan grande, clava sus uñas, sus garras, en la piel santa de la sinceridad, la honestidad y la más importante y pura: la Humildad, con mayúscula. Verdadero reto supone; aquél que posea este último derecho-obligación-sabiduría puede ver debajo del pantano la vida acuática que algunos denominan Alma. La única verdadera. Y el que diga que no, es obvio: no lo ha descubierto.

Poco a poco, suponiendo que los ojos celestes me contemplan, crezco más y más. Mi escudo arrogante se hace mas denso a la vez que, mi Humildad, tímida, vuelve más firme el sistema inmunológico, listo para atacar esa aborrecida "inoculación".

A la vez, como explicaba, mi placer por la escritura maldita crece a zancadas de un leopardo. Así, si me permite la licencia la majestad de la velocidad, también se vuelve más feroz “contra” (entrecomillaré eso) lo planeado por el monstro de la incertidumbre, que me visita cada que puede. Aunque sé que si me viera Poe a través de sus letras Locas se reiría tanto de mí, tanto, como hundieron a Verne en un escritor para la juventud. Si él tan solo supiera que comparto la misma garantía subterránea, como viajar al centro de mi propia Tierra, donde se esconde mi Secreto. O como decirle a mi Destino que ayudaré al mundo, si el que me debe susurrar es él. Como saber que podre continuar la labor de tantos que han pasado por este bendito salón de clases llamado Tierra. ¿En que banca me sentaré yo? Ojala que sea en una donde aprenda a transmitir el Mensaje, como Benítez.

Y a lo lejos se ve, y ya cerca se intuye, el olor de las Letras Mayores me propuso una cita. Y yo no decliné. El compromiso será fácil y sencillo: venderé mi talento, creo, a cambio de satisfacción. Un trueque que, espero, me hundirá en el lago de la grandeza-mínima. La de las “pequeñas cosas”.

¿Para qué?

Lo sé, lo intuyo. Será imposible medirlo en hectáreas, pero los resultados que tapizan el terreno a (un verbo de los majestuosos): Ayudar, es, sinceramente, infinito. Espero, de verdad lo deseo, cobijar la esfera de la necesidad y darle lo que piden, ¡lo que realmente piden!, los corazones de esta Humanidad agobiada. Tengo tanta prisa, y no sé porque, quizá porque pienso que el tiempo se derramara o porque las aspirinas del mundo se acabarán, provocando un atasco en la satisfacción, a dieta de estupefacientes, perecedera de todos los terrestres.

Empiezo un proyecto grande, tan grande, para mí, que me aterra. Pero después de todo es el mensaje de ese proyecto; “¿Qué te aterra?” El genero de la sombras se adjudica de mi placer y la demencia sin cabeza trata de asesinarme. Mi única defensa es relatarla; por eso el propósito.

Está bien, no me entiendas. No lo esperaba. Sólo lee estás letras como cuando comes mangares sin saber como carajo lo hicieron. Ignorantes “sabe lo todo”. Los necesita este Ignorante “sabe nada”. Sin ustedes, yo no avanzo. Esperen la entrada bestias, el piano sonará como señal, el de "Where Dragons Rule" Y ganaremos.¡Bestias bizarras!

"...así que se oyeron las trompetas y las banderas se revolvieron locas de emoción, traduciendo la entonación a español, inglés, francés, alemán, chino, y a cada raza, tribu y diferencia, como fuera posible, con tal de Transmitir la buena nueva. La gente aplaudió, entre el griterío y el Mundo, completo, subió al trono. Por fin, conforme, de lo que será una Felicidad inmortal."

“Desde tus ojos viviré y en mis letras lo rectificaré”



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lunes, 2 de agosto de 2010

El pañuelo de un charco perdido o “amor”

Y de pronto el recuerdo me atropelló. Y grité: basta de filosofía, teorías o consejos en este blog. ¿Qué hay sobre mí? Cuando nació esta página decidí desnudarme, sin el menor pudor, a lectores y cuan personas tropiecen. ¿Y luego?

Se acabaron las vacaciones, eternas, casi. Seguro que tuve más que los demás, después de aquellas noches, asesinas del sueño, después de aquellas lágrimas, asustado por mi futuro, después de esas almohadas, y testigos de excepción de este joven dominado por la incertidumbre, he aprendido a salir. No fue fácil. Pero si seguro. Ahora doy gracias por la posición en la que estoy; en paz, casa, escuela, familia, salud y un grano más, de experiencia.

Aunque lo olvidé, a propósito, el amor, el de pareja, es ahuyentado por el clima. Pues cómo no, si sus señales de humo son tan débiles que ni el más avisado lo halla. Es mejor así. Quizá el clima lluvioso, apaga fogatas, me abstenga de cometer un paso en falso y ahogarme en el mismo fuego del deseo, ¿o es que no he aprendido ya las consecuencias que tiene el amor cuando es tatuado en el alma? O de verdad soy ciego, o le temo al apego. Y el apego, como el premio del niño berrinchudo, termina lastimando a sus poseedores mas chiqueados, los que no comprenden que en este planeta todo-TODO- es efímero, excepción hecha de nosotros, se adueñan de sus cariños, placeres, posesiones, amores, miedos y sabe Dios a cuanto más se le puede desear, a precio caro: su propia existencia. Por eso he comprendido que el dar amor no es entregarle la existencia al otro, no, mas bien mostrársela para que la admire, para que la ame, pero siempre como seres individuales. ¿O sino no existiría el lazo de brazos al beber una copa?, sería entonces beber de la misma, y eso no es unirse, más bien “no existir”… ¿En que quedamos? ¿No que sin filosofía? Lo siento. A fin de cuentas yo solo me entiendo. Aunque me funciona. Espera ¿tú solo? No, por supuesto que hay bebedores del pensamiento que te comprenden. Aunque a fin de cuentas vomitemos nuestro licor y llegue la mañana con la cruda Vida de la práctica ardua y dura. La del experimento equivocado.

Por supuesto que mi necesidad le escribía a Cupido todas las noches. Hasta que me di cuenta que mi orgullo interceptaba las cartas y las rompía pensando “no lo necesito”. But… a pesar de todo me siento tan bien. Lo realmente difícil es leer las situaciones de la vitrina, sin poder escribir y mostrarle al mundo el maniquí que te gustaría ser.

Si tan solo pudiera arrancar los lazos negros de la necesidad y ser libre de leer en los aparadores de los demás, aconsejar y escuchar, sin pretender ser el modelo de la tienda, sería feliz. Pero el pospretérito y el ante pretérito sólo existen en Gramática. Estúpido orgullo.