miércoles, 9 de junio de 2010

Rareza…


Una palabra peculiar. Cualquier epíteto que la intente sustituir sería equiparado, totalmente, como un niño homosexual; no cumple lo establecido y ofende grotescamente los principios. Cuando las personas señalan con ímpetu y catalogan con esta palabra a “aquél” abren lo ojos como platos, se quedan amarillos, o sin color, y el susto los sopapea, sorprendidos de como una desconsiderada extravagancia asesina a lo que, supuestamente, está establecido.

Anhelo, con el brío que distingue al buscador, pulverizar el sistema robótico que ata la liberación… ¡emanciparme! Pretendo guiarme como la intuición “preceptúa” y no como “dicen”. Estoy cerca, escabullo las pinzas lo más que puedo, creo que está en alguna parte del hemisferio izquierdo, muy escondido al parecer.

Ser “raro” significa ser distinto, huir, con rapidez, de lo impuesto, ser la diferencia, ser TÚ, no como “ellos”. Los raros son valientes; se equivocan los que reprueban a éstos. No conocen, o no quieren conocer, el ilustre coraje que desempeña el bracear en otra corriente, que no en contra, que la que todos han conocido por centurias, y en su propia almadía, además. No depende de su futuro, más bien de su satisfacción, como el que escribe.

Irrazonable es el hombre extraño, cuestiona todo la mayoría del tiempo, es un niño “incorrecto”, según dicen los demás. Es un maleducado; no conoce la tesis grupal, y si así fuera, se burla de la ignorancia que le regala. Su amor por la singularidad y la diferencia crece en formidables zancadas, creando un monstruoso mundo tan grande como su demencia.

Es vivir en la sombra, es vivir en al luz, es no existir, es ser ciego, es ser impulsivo, es analizar lo que nadie jamás veía o no quería ver. Es enamorarte de las cosas que atemorizan a los demás o detestar lo que anhelan; es perseguir un sueño distinto. Imaginar “mares” que enloquecerían a los “cautos”, que yo llamo cobardes. Saber que también eres susceptible a una enfermedad psiquiátrica… devorando la idea como un mangar excentrico. Es bailar entre el terror o reír en descontrol. Es ser un titán, un extranjero. Saborear el sonido de los murciélagos o retar la mirada del búho perverso. Acariciar la muerte o tomar un té con el sufrimiento. Escribir maldiciones o abrazar al fuego. Volar entre las gaviotas que devoran cuervos.

Es el erotismo de Rubén Darío, los cantos de Isidore (o El conde de Lautreamont), el trastorno de Howard Hughes, los niños de Bruno Amadio, y, por supuesto, la “maldición” de mi amado Poe, entre algunos locos-genios-malditos.

La rareza es excepcional, naturalmente. Aquellos que algún día logren “asustarse” con el placer que otorga, caerán a los pies de la oscuridad para comprender el lado que nadie quiere conocer. La vida de los “locos” (por voluntad) no es más que un capricho de su excitación emocional, sólo un delirio de rareza…

martes, 1 de junio de 2010

El arte del recuerdo


¿Olvidar? ¿Perdonar? ¿Miedo de recordar?

En los “pocos” años que he vivido, he escuchado con regularidad las clásicas frases: “Ya olvídalo” “No lo puedo perdonar” “Tengo miedo de hojear el pasado”… Y me he preguntado; si somos los “únicos” seres de este mundo con la capacidad de “razonar” mediante un cerebro más que excelente, ¿Por qué queremos excluir la memoria del deber que se le ha sido impuesto? ¿Entonces sería correcto eliminar la creatividad, el aprendizaje, las emociones o hasta la escritura que nos otorga este magnífico miembro, sólo porque no somos buenos en éstos o porque tememos a lo que puedan causar?

Según la psicología; la memoria es la capacidad de almacenar, retener y recordar información… ¡que gran servicio! Y lo calificamos tan erróneamente.

El pasado, los errores, el dolor, el sufrimiento, las caídas… son cosas que nos atormentan, odiamos y sentimos que nos destruyen, por eso tratamos de jamás recordarlas. Si la memoria almacena información. ¿Para que la necesitamos? ¡Nos atormenta!

¿Entonces…?

¡Hay que usar la memoria! Me explico:
Observar al niño que aprende a caminar. Si éste cae y se vuelve a caer experimentará el error y por ende el dolor. Pero si es capaz de usar el recuerdo, y evita el paso en falso que lo llevo a la derrota, lo superará y dará dos, si se vuelve a caer, volverá a levantarse y recordará de nuevo, dará tres… ¡mira, el niño esta caminando!

Es absurdo olvidar, es mejor recordar para analizar y aprender. Una persona me dijo que el no enfrentar el pasado es como tapar un hoyo con una sábana; sabes que esta ahí, temes levantarla y en cualquier momento puedes caer. La solución es levantar esa sabana que te atormenta y llenar el vacio que se presenta. El usar la memoria es recordar, el que recuerda aprende de sus errores, el que aprende de sus errores… ¡camina!

Si dices que perdonas pero recuerdas con rencor lo que te han hecho, no estas perdonando realmente. Perdonar es casi un "deber", el que perdona comprende y el que comprende es un gran sabio. ¿Entonces qué es perdonar realmente? Perdonar es recordar el hecho para estudiarlo y comprenderlo, saber que la persona que te hizo algún mal fue porque ésta consideró que era lo mejor para su persona. “Pero no se fija en mí, qué no ve que estoy sufriendo” El rencor y el reproche que guardamos en esa frases son peligrosísimos; estamos criticando e injuriando contra esa persona, y lo hacemos porque creemos que la venganza es lo mas conveniente para nosotros y, ¡oh sorpresa! somos igual a esa gente que nos daño; un circulo vicioso. Por eso Analizar, con todo el sentido de la palabra, nuestro pasado es comprender el porqué del presente. Cuando penetres en el ayer, observarás cosas y entenderás acciones de la gente, y al comprenderlas, estarás perdonando y romperás el dañino ciclo que te ata. El día que ocurra, el “recuerdo resentido” cobrará valor y se convertirá en el “recuerdo instructor” que te ayudará a avanzar, y la libertad te acariciará.

Si te aventuras en estas reflexiones verás que el olvido es sólo la palabra con la cual se describe el “descuido”. La memoria es un regalo… ¡ábrelo!

Espero ayudar a estimular lo espléndido que es la evolución. Mi único deseo es reforzar el corazón para el diario vivir. ¡Sigue ascendiendo!

Un saludito y que tu día sea placentero.
(Sonrisa)

Ven Saac.