
No sé muy bien como empezar. Estoy un poco nervioso y mis manos sudan. Me he puesto a pensar sobre la última vez que nos vimos. Sí, las últimas “vacaciones”. Creo que el recordar tus juegos y, no se diga, tu ingenio, he caído en la cuenta de algo que me ha puesto pálido. Si no me equivoco al decir que fuiste creado para lo que eres, entonces debo deducir que tu función es increíble.
Acá, en mi mundo, la gente se queja mucho sobre ti, te reprocha, te odian y hasta te temen, y vaya que en gran medida. Yo no. Cuando te asomaste a la luz aquella noche fría, vi tus ojos; eran enormes y magníficos. Y me asusté; ¿cómo era posible que una mirada tan benevolente viviera en un “ser” que muchos califican de terrorífico? Cuando te escondiste y te fuiste de mi lado, juré frente al abismo que descubriría quien eres en realidad. En verdad te digo que he meditado mucho sobre ti. Y creo que he llegado a una titubeante pero veraz conclusión; eres un Maestro. Al ver aquellos días tu dominio sobre la situación, pensé que deberías tener muchos años de experiencia. Instruyes, como en una orquesta, a los temerosos y pobres de valor. Tu túnica larga y negra no significa que seas peligroso o maléfico, no, mas bien creo que es un buen disfraz para esconderte en la oscuridad, la misma en la que se refugian los inexpertos que impulsas a buscar la luz de la Experiencia, tu hermana mayor. Si bien son ciertos estos pensamientos, entonces creo que eres una maravilla total. Los recuerdos que tengo de aquellas fechas que viví contigo, me han revelado cosas que no había visto; por ejemplo, cuando tocaste aquel violín, descubrí que era para mantenerme dormido y despertará dentro de mí; cuando soplaste sobre mi rostro, susurrándome la clave a la salida; o cuando me relataste la historia de mí vida, esculcando en mi memoria, mostrándome que era para no tropezar y correr por otro sendero. Hoy, en tu “cumpleaños” te doy las gracias por existir. Si no fuera por ti, no existiría el Progreso. Espero verte cuando te necesite y si no preciso más de tus lecciones (que no lo creo), esta carta (y las que te seguiré escribiendo) perdurarán como el mayor obsequio a tu existencia. Tu majestuosa existencia.
En Paz, a 31 de mayo, 2010.
PD: De un aprendiz al mejor maestro de todos.
Ven Saac, tu discípulo.
